Es fácil advertir que un comunista o un estatista (del color que sea) está en favor del mal. Pero el minarquista es el más peligroso porque en la apariencia está a favor del bien, pues arranca con postulados que son morales, por eso nos seducen y nos confunden, pero al apuntar a una meta errada nos garantiza absolutamente la no-consecución del objetivo: la sociedad libre, la libertad. Muchos libertarios se dejan seducir por los minarquistas, como si fuera un “mal menor”.
El minarquista es el caballo de Troya. Nos ancla en el estatismo. No vamos a alcanzar la sociedad libre a través de la política, por eso el minarquismo nos lleva a un puerto equivocado. Tenemos que saber cuál es nuestra meta, y tenemos que saber cuál NO es nuestra meta. Sólo se sale del estatismo mediante las ideas, con un cambio radical de paradigma.
Para eso podemos hacer muchas cosas… como difundir ideas racionales, despertar conciencias, buscar iguales. Podemos usar el discurso racional para atraer más y más personas a nuestras filas, grupos concertados de personas de mente afín a la libertad, podemos usar agorismo, emprendimiento y tecnología para competir y ganarle al estado, y eventualmente defensa propia cuando hacen un esfuerzo concertado para tratar de pararnos.
Lao-Tsé decía que el hombre sabio no enseña con palabras sino con hechos.
Tu vida es un mensaje al mundo ¡asegúrate que es inspiradora!
Entonces, si estás interesado en divulgar el mensaje de la libertad ¡sé tú mismo la libertad! ¡sé todas esas cosas que quieras ser! Pero si quieres DIVULGARLO, sé cualquier cosa que vayas a ser ¡a lo grande! Sé muy bueno en lo tuyo, sé reconocido como un experto en lo que haces. Te hará una mejor persona y te hará un mejor mensajero. Un mensaje que proviene de una fuente creíble ¡es un mensaje efectivo!
Y, ciertamente, enseña…usando historias, porque es eficiente; pero es importante también que ¡tú seas la historia misma! Si el maestro es la historia la lección se convierte en un ícono, no en un párrafo.